domingo, 11 de marzo de 2012

EL TRIUNFO DEL 11 DE MARZO DE 1973

El triunfo de Héctor J. Cámpora terminó con 18 años de proscripción, persecución, cárcel y muerte de los peronistas.


 La consigna central quedó decidida muy pronto: “Cámpora al gobierno, Perón al Poder” era una buena síntesis de la idea de que votar a uno era elegir al otro.
- Cámpora al gobierno,/ Perón al poder,// Votar por el Frente / es nuestro deber.

 La consigna se volvió jingle, y cantidad de coches con altoparlantes la hacía oír en todas las calles del país, con su musiquita pegadiza:
                                  Compañero, compañera,/ la elección está resuelta,/ ganaremos la primera,/ y no habrá segunda vuelta…

La campaña estaba centrada en la calle. Abundaban las manifestaciones, las pintadas, los actos: todos los militantes de la Juventud Peronistas estaban movilizados. Las ciudades estaban llenas de afiches que mostraban a Cámpora,Perón y Evita sobre fondo oscuro, con la V del Perón vuelve bajo la C de Cámpora.

Ya eran casi las 6 de la mañana del lunes 12 de Marzo; afuera había salido  el sol y, en el tercer piso del edifico antiguo de Santa Fe y Oro, (Miguel) Bonasso y sus ayudantes seguían haciendo cuentas.
 Bonasso salió a hablar con la horda de periodistas: era un verdadero caos.
-  Según nuestros cómputos, sobre un total de 12.294.009 votantes, el Frente obtuvo 6.629.407, es decir, el 52,9 por ciento.

 Los radicales habían sacado el 21,2 por ciento; la Alianza Federalista Popular, de ManriqueMartínez Raimonda el 25%; la Alianza Popular Revolucionaria de Alende – Sueldo el 7,4%; Martínez- Bravo con su Alianza Republicana y Chamizo Ondarts con la Nueva Fuerza no pasaron el 2 %. Ghioldi – Balestra, del Partdo Socialista Democrático, Coral - Ciapponi, del Partido Socialista de los Trabajadores y Abelardo Ramos- Silvetti, Frente de Izquierda Popular tuvieron menos del uno por ciento cada uno.

     Unos metros más allá, alrededor de Plaza Italia y bajo el puente de Pacífico, miles de manifestantes chocaban contra una gruesa muralla de carros, motos y caballos policiales. El estado de sitio seguía vigente y el gobierno no quería que hubiera concentraciones frente a la sede del FREJULI. Los gases lacrimógenos cubrían la estatua de Garibaldi. Los nervios crecían. Hasta que a eso de las nueve y media, un señor de uniforme se presentó en el tercer piso. Varios de los que hacían guardia lo miraron con odio. Pero enseguida apareció Cámpora y el oficial se cuadró y taconeó sobre el parqué muy gastado:
- Señor presidente, vengo a decirle en nombre del señor presidnete Lanusse que reconocemos que usted es el presidente electo.
- Muchas gracias.
     A eso de las once de la noche, el presidente electo salió al balcón del tercer piso: cincuenta mil personas se callaron de pronto y empezaron a cantar el Himno, Después fue la lista con los nombres de los que habían muerto en esos diecisiete años de proscripciones.
- Juan José Valle.
- ¡Presente!
- Felipe Vallese.
- ¡Presente!
- Gritaban, abajo, los miles, levantando sus brazos cn los dedos en ve. Miguel tenía los huevos en la garganta y le resultaba cada vez más difícil seguir leyendo:
Fernando Abal Medina.
- ¡Presente!
- Carlos Ramus
- ¡Presente!

Cuando la liste terminó, los miles volvieron a cantar la Marcha. Ahí estaban
Graciela Daleo, Elvio Vitali, Horacio González, Mercedes Depino y tantos otros. En el balcón, Cámpora, Solano, Lorenzo Miguel y varios más cantaban y se abrazaban. La algarabía siguió durnte horas. Lorenzo servía los whiskeys y felicitaba a todo el mundo. Juan Manuel Abal Medina parecía más emocionado que contento. Miguel Bonasso pensaba cómo sería el Estado, esa máquina de la que ninguna de ellos sabía casi nada. Y se preocupaba un segundo; después, volvía a los festejos. Y, por momentos, se acordaba de gente como Carlos Capuano, que no estaba ahí para disfrutarlo. Y de Gustafo Rearte, el jefe del MRP, que con menos de cincuenta años, agonizaba de leucemia en el Hospital Italiano.
         Nadie se quería ir. Los festejos seguían y recién cuando empezó a salir el sol los ocupantes del edificio de Santa Fe y Oro se resignaron a que esa noche maravillosa se hubiese terminado.

Fragmento de La Voluntad, tomo I, Una historia de la militancia revolucionaria en la Argentina, de Eduardo Anguita y Martín Caparrós.
      

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