martes, 6 de marzo de 2012

Una tarde en la Legislatura


Llegar a la Legislatura es entrar en el primer mundo de las instituciones legislativas. Hay ascensores que hablan, escaleras hechas en vidrio y mucho metal para darle esa sensación minimalista y definitoria de las grandes urbes. Sería perfecto si no fuera el ejemplo arquitectónico más ilustre del modelo Chubut. Opulencia hasta para mostrar los piolines que la sostienen. 

El inicio de sesiones está previsto para las 19.00. Son las 18.30 y la fauna de funcionarios, amigos y amigos de amigos es notoria. Mucho animal print en el salón de los pasos perdidos supone el comienzo de una tarde con glamour. Afuera de remera naranja (¿Seguidores de Silo, hinchas de Holanda?) se presenta el Frente Peronista a puro bombo pero uniformadito, como corresponde. La tropa aplaude a rabiar cuando el Gobernador toma té y duda si los 100 gendarmes anunciados son una victoria de la gestión o un preanuncio de garrote,  capaz por eso no usan el clásico “Y pegue y pegue y pegue Buzzi pegue”. 

Periodistas convertidos en funcionarios miran desde el altar de la nueva función, un grupo de cadetes de la escuela de policía aguardan duros la entrada del gobernador y se quedarán allí hasta que salga. Son un elogio de la dureza, ciertamente. Mientras habla el Gobernador adentro del recinto, afuera un mozo no para de reírse y golpea el piso para acentuar el movimiento mientras toma agua. 

En los sillones negros, novias, parejas y hasta esposas de funcionarios hablan de viajes, de calor y de cuánto tardaron en llegar a Rawson mientras desde afuera se escucha un bombo; Se ve que el gobernador pegó otro highlight. En el mismo lobby un grupo de militantes All Access fuman todos juntitos frente a la mirada de estadista que tiene la foto blanco y negro del Ex vicegobernador Vargas. 

Buzzi dijo diecisiete veces la palabra trabajo, trece la palabra seguridad, dos la palabra democracia, dos justicia y dos minera.  Cada tiro una palabra, cada pólvora un chimango. Una mención al gobernador Das Neves y a su primer gestión más los contratos (sociales, económicos) y las licencias (ambientales, políticas) en 18 hojas leídas con la convicción de un estudio jurídico en una tarde de sábado donde los hombres de estado estrenan zapatos. 

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