lunes, 26 de marzo de 2012

Vago y mal entretenido OSCAR ACUÑA PORTAVOZ DE LOS RECLAMOS DE SALUD

Al calor del conflicto de los trabajadores de la salud pública reapareció en escena Oscar Cacho Acuña, oscuro personaje que en los últimos años se alimentó de créditos del gobierno provincial y estafó a humildes trabajadores sin oficio.         
          
         UN RATERO PERMANENTE
Acuña había sido trabajador de la mutual de los empleados públicos AMEP. Su lugar de trabajo era el parque anexo al zoológico de Rawson, donde se desempeñaba como casero y vigilante. De allí fue despedido por cobrar para su bolsillo la utilización de los baños públicos.

A fines de los años ’90 su vocación de buscavidas lo depositó en el Frente Grande donde trabó relaciones con del Dr. Eloy García. Cuando la Alianza ganó las elecciones y Lizurume fue elegido gobernador, Acuña aterrizó en Legislatura, junto a su ladero Alberto Beto Peralta. A los dos meses ambos fueron despedidos de acusados del robo de una PC y de otros materiales de computación.

Luego, el médico del Frente Grande Eloy García fue designado Secretario de Salud y contrató a su amigo Acuña como Sereno del hospital de Rawson.
Cuando Das Neves llegó a la gobernación, Acuña se hizo dasnevista y negoció su ingreso a la Planta Permanente. Con la estabilidad garantizada comenzó a organizar negocios ilegales con el Estado.

         ESTAFA A TRABAJADORES
En el marco de las políticas de recuperación del empleo, Cacho Acuña armó una microempresa de servicios, en sociedad, otra vez, con Alberto Beto Peralta. La empresita fue contratada para realizar reparaciones en dependencias del Estado provincial. Así fue que contrataron a jóvenes trabajadores que realizaron las tareas de manera precaria.
Acuña cobró los 50.000 pesos que le facturó al Estado y se compró un Chevrolet Corsa con el que se pasea por Rawson. A los trabajadores no les pagó un peso; no le dio la parte que le correspondía a Beto Peralta y no rindió nunca las facturaciones al Ministerio de Gobierno.
Ante las demandas del Tribunal de Cuentas, el Ministerio de Gobierno tuvo que cubrir (no se sabe de qué manera) al moroso Acuña, quien estuvo a punto de ser denunciado en la Justicia. No lo hicieron, argumentando que se trataba de “un compañero, lumpen pero compañero”. Hoy se arrepienten.

El final de la novela policial es que Acuña se quedó con el auto, no les pagó un peso a los empleados, traicionó a su cómplice y nunca rindió las cuentas al Estado.

Ahora, desde su oficio de Sereno del hospital Santa Teresita reapareció públicamente como dirigente de ATE Chubut, brinda declaraciones a la prensa, cuestiona al dasnevismo y reclama políticas sanitarias.

Eso sí cuando se cruza miradas con algún ex funcionario de Gobierno, agacha la cabeza o mira para otro lado.-

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