jueves, 26 de septiembre de 2013

ABELARDO EPUYÉN GONZÁLEZ, Cazando jabalí

Abelardo Epuyén González es la más alta referencia del folclore cordillerano del Chubut. Y también más allá.

La canción describe una labor casi perdida en el tiempo, la persecución en el monte y la caza del chancho salvaje, sin más herramientas que su caballo, un cuchillo y el "perrito blanco", a quien homenajea.

La sangrienta faena, además de una destreza singular con el cuchillo, exigía un enorme coraje, que a juzgar por los testimonios, a don Abelardo no le faltaba.

Christian Valls lo recuerda: Fue Don Abelardo Epuyén González, paisano criollazo nacido en el lugar que dio origen a su segundo nombre. Vivía con su madre en las cercanías de Tufí Breide. Tenía algo de hacienda y se rebuscaba la vida haciendo absolutamente todo lo que hace un hombre de campo por aquellas latitudes, no muy distinto a lo de cualquier paisano de nuestra querida Patria: desde alambrar, arriar hacienda, sembrar, cosechar, y sobre todo guapear. Guapearle a la vida. A la dura vida patagónica, esa particularmente más brava que la del resto de nuestro territorio

Una anécdota del mismo autor:  En otra oportunidad, me contó que habiendo viajado a Buenos Aires para resolver no se que tema sucesorio de su campito, dejó sola a su querida madre. Vivían en su tierra unos mapuches, con los que él mucho no congeniaba: las diferencias culturales no se lo permitían. Sabemos que los indios patagónicos son muy afectos a comer carne de caballo. Me decía Epuyén que le causaban repugnancia porque “jedían a yeguarizo” de tanto carnear y comer caballos, generalmente ajenos... Y que él no podía echarlos de su campo porque la ley los protegía. 
Que si no... 
Volvió Abelardo de Buenos Aires y por más que buscó, su caballo preferido...ya no estaba. Pronto supo lo que le pasó a su equino... En esas pequeñas comunidades nada se oculta por mucho tiempo.

Así las cosas, una noche Abelardo iba para el aserradero de de Rasti, donde había un despacho de bebida para los peones, y pa´los de afuera también. El acceso al “boliche” era un largo y estrecho sendero entre empalizadas, orillando al lago Epuyén. Y allí Abelardo, de a caballo, se topó de frente con el otro jinete: el caciquejo mapuche que le había carneado el caballo. Usaba Epuyén una “guacha” o talero de fuerte mango con virola de plata...y relleno de plomo. Tomado por la lonja de cuero crudo, era un arma mortal en mano de aquel brazo poderoso del paisano trabajador.Fue un solo talerazo “entre medio de las guampas” tal cual me contó Abelardo, y el indio cayó redondo... Abelardo llegó al boliche de de Rasti y unas cuantas ginebras después volvió para su casa. Y oh! sorpresa: el mapuche no estaba... 

Abelado Epuyén González se llamaba Epuyén, no era un sobrenombre, falleció en 1978. La crónica del mismo autor en el sitio “Voces de la patria grande”:  
                                                                                             Pasaron muchos años. Volví por los noventa y tantos. Y entonces me contaron que en trágica noche saliendo de un boliche del Bolsón, Abelardo discutió fiero con otro paisano, ambos pasados de copas. Y allí nomás lo ensartó con su daga.

Policía, Bariloche, prisión...

Un día en su celda, Epuyén quiso hartarse de capón y consiguió que un guardia le trajese uno. Lo guisó y convidó a todos. Se dió el gran atracón. Y su corazón no aguantó...


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