jueves, 26 de septiembre de 2013

MACONDO

 Un observador de la crisis, sin intereses materiales en el conflicto, indicaba:“Ahora el Cura es el garante de la seriedad de la venta de `Alpesca´. Los medios no lo critican y los sindicatos lo apoyan. Estamos peor que en Macondo”.

Leamos un fragmento de “Cien años de soledad”, la novela que transcurre en el pueblo imaginario Macondo.


José Arcadio Buendía, que era el hombre más emprendedor que se vería jamás en la aldea, había dispuesto de tal modo la posición de las casas, que desde todas podía llegarse al río y abastecerse de agua, con igual esfuerzo, y trazó las calles con tan buen sentido que ninguna casa recibía más sol que otra a la hora del calor. En pocos años, Macondo fue una aldea más ordenada y laboriosa que cualquiera de las conocidas hasta entonces por sus 300 habitantes. Era en verdad una aldea feliz, donde nadie era mayor de treinta años y donde nadie había muerto. (…).

La primera vez que llegó la tribu de Melquíades vendiendo bolas de vidrio para el dolor de cabeza, todo el mundo se sorprendió de que hubieran podido encontrar aquella aldea perdida en el sopor de la ciénaga, y los gitanos confesaron que se habían orientado por el canto de los pájaros.

Aquel espíritu de iniciativa social desapareció en poco tiempo, arrastrado por la fiebre de los imanes, los cálculos astronómicos, los sueños de transmutación y las ansias de conocer las maravillas del mundo. De emprendedor y limpio, José Arcadio Buendía se convirtió en un hombre de aspecto holgazán, descuidado en el vestir, con una barba salvaje que Úrsula lograba cuadrar a duras penas con un cuchillo de cocina. No faltó quien lo considerara víctima de algún extraño sortilegio. 

Pero hasta los más convencidos de su locura abandonaron trabajo y familias para seguirlo, cuando se echó al hombro sus herramientas de desmontar y pidió el concurso de todos para abrir una trocha que pusiera a Macondo en contacto con los grandes inventos.

(Gabriel García Márquez. Cien años de soledad. Editorial Sudamericana).

                            COMENTARIO
Párrafo del artículo del periodista Gustavo Pérez, de Gusta´s Zone.blogspot.com

El “aparente” desarrollo de Macondo, llega de la mano de la compañía bananera, una suerte de industria que se vale de todos los recursos para explotar el banano y llevar al pueblo no solo las nuevas tecnologías sino una serie de costumbres a las que no estaban adaptados los pobladores, por lo que de manera general resulta contraproducente el intercambio de conocimientos, porque mientras la compañía se lleva todo el fruto de la tierra, en Macondo solo queda destrucción, desolación, una suerte de matanza que los medios de comunicación y el gobierno encubre y sobre todo malas influencias en los habitantes de Macondo, quienes al parecer ya forman parte de otra generación, olvidándose de sus raíces y de la época de José Arcadio Buendía.

Aclaramos a Gustavo Pérez no es de Madryn, ni de Chubut, difícil que conozca la existencia de Alpesca y ni le gusta el pescado.

1 comentario:

  1. adoro macondo y mas el ,libro... lo recomiendo!!!

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