lunes, 13 de enero de 2014

"NO ERAN PARTIDOS DE PRINCIPIOS, UNO GOBERNABA Y OTRO NO GOBERNABA

Haroldo Conti, escritor, maestro, militante del PRT. Nació en 1925, desaparecido en 1976.
El se preguntaba como uno podía sentirse importante en medio de aquel pueblo de mala muerte, extraviado en la llanura.  Sin embargo, Rinconcito era su mundo.

Tenía dos diarios, La Voz de Rinconcito y El Imparcial, una parada de ferrocarril; un monumento a la Independencia, un Club Social, un Círculo Italiano, el Sport Club; agua corriente; y aquella vieja torre que se veía desde tan lejos. En 1934 tuvieron una peste, u en 1945 un diputado. En 1948 se inauguró una red de altoparlantes. En 1951 estuvieron a punto de conseguir una sucursal del Banco Nacional.

Todo un pueblo. (…)

En 1936 se casó con Juana Ardolino. Ese año, Juanita había sido elegida reina del carnaval.Tal vez si Juanita no hubiese salido reina, no le habría reprochado tan a menudo su mala suerte. Pero así y todo recordaba con nostalgia aquel carnaval del36 y a Juanita con su reluciente corona de cartón y papel de estaño. El tiempo podría borrar muchas cosas pero jamás aquel baile. (…)

Rinconcito se dividía en blancos y amarillos. Los blancos gobernaban  en Rinconcito y en el resto de la República. Habían gobernado siempre y no se les ocurría que pudieran hacer otra cosa. Los amarillos, en cambio , hacía medio siglo que estaban esperando hacerlo en lugar de los blancos. No eran partidos de principios. Simplemente, uno gobernaba y otro no gobernaba.

Romita era amarillo, es decir, un agrio, y un resentido, y también un pobre.

Los blancos hacían una sola cosa: gobernar. Los amarillos, en cambio, desplegaban una actividad increíble alternando los infinitos matices que van desde la crítica constructiva a la conspiración descabellada.

Los blancos habían dado al país gobernantes. Buenos y malos gobernantes. Los amarillos le habían dado tribunos, mártires, conspiradores, maestros, arquetipos y una buena cantidad de muertos de hambre. En 1931 se dividieron. En 1935 se subdividieron. En 1943, cuando ya no se reconocían volvieron a unirse en un Frente Único. Fue una alianza conmovedora. “Amarillos sobre todo”.

Aquel fervor alcanzó a Rinconcito. Se iba a librar la gran batalla. Lema de los amarillos: ¡Pueblo! Lema de los blancos: ¡Pueblo!

Los amarillos habían organizado un gran acto para el último día de campaña. Los blancos, en cambio, hicieron lo de siempre: un kilo de asado, un litro de vino y diez pesos.

Había un gran palco, y un enorme letrero amarillo, y un camión con altoparlantes. Y mucha esperanza.
Entonces llegaron unos desconocidos de Piedrabuena, doce leguas antes de Rinconcito.

Romita estaba sobre el palco, casi a la misma altura del pescante del breque, y decía todas esas cosas que entusiasman tanto a los pobres. Cuando las ensayó en la cocina, delante de Juana, no le habían salido tan bien. Pero ahora, delante de esos rostros, no parecía el mismo.

Estaba en lo mejor, cuando el palco salió disparado, como si efectivamente se tratara de un breque. Fue algo cómico, dentro de todo. Aquellos desconocidos de Piedrabuena habían asegurado un cable a una pata del palco. Pusieron en marca un camión, al otro extremo del cable, y se llevaron a Romita con palco y todo.

Sí, fue más bien algo cómico.

Romita comprendió entonces una cosa. Estaban los de arriba y estaban los de abajo. Él era de abajo. No porque fuera amarillo. Fuera lo que fuese, blanco o amarillo, estaba condenado a ser de abajo. Eso sucedía en Rinconcito, sucedía en la República y posiblemente, aunque él no alcanzaba a ver tan lejos, sucedía en el resto del mundo.

La campaña le costó la tienda. Juanita había dicho:
- No te metas en política.

Se metió y perdió.

Juana no comprendía que, de todas maneras, estaba condenado a perder.

Fue una buena ocasión, de parte de Juana, para recordar aquel carnaval del 36. (…)

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