miércoles, 2 de marzo de 2016

PERÓN Y LOS HIJOS DE PUTA

El encuentro entre Juan Domingo Perón y el embajador norteamericano Spruille Braden  en 1945 terminó de manera tormentosa.
Según el historiador Félix Luna: “Perón le respondió a Braden que esos arreglos y combinaciones económico financieros parecían muy fáciles de hacer, pero que había un grave problema para llevarlos a cabo. 
-¿Cuál problema?, preguntó el embajador.
Perón respondió: -Pues que en mi país al que hace eso se lo llama hijo de puta (…) y se quedó mirándolo, haciéndose el chiquito”.
Veinte años más tarde en diálogo con Félix Luna, Perón relata aquel diálogo con el embajador de Norteamérca: “Mire, no sigamos, embajador, porque yo tengo una idea que por prudencia no se la puedo decir.
-No, dígamelo –replicó él.

 –Bueno, le contesté- .Yo creo que los ciudadanos que venden su país a una potencia extranjera son unos hijos de puta (…) Y nosotros no queremos pasar por hijos de puta (…) Braden se enojó y se fue. Con el enojo se olvidó el sombrero (…) Era un individuo temperamental. Un búfalo. Yo lo hacía enojar y cuando se enojaba,  atropellaba las paredes (…) que era lo que yo quería, porque entonces perdía toda ponderación”. Perón se guardó el sombrero como un trofeo y después se lo envió a la Embajada con un colaborador.

Fragmento del libro "Perón", del historiador nacional Norberto Galasso. La comparación con la realidad de hoy y la entrega a los fondos Buitre y a las multinacionales es idea choreada de un texto de Horacio Verbitsky, de Página/12 de ayer.

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