jueves, 21 de abril de 2016

EMPRENDEDORES O CUENTAPROPISTAS

María Sol Sueiras baja el discurso para los emprendedores de la mesa.
El presidente Macri sostiene que “los argentinos somos 40 millones de emprendedores”. Como en los años ‘90, de la mano de la desocupación y ante la ausencia de un proyecto político colectivo, se estimula como única salida la acción individual de los emprendedores. En esa dirección la concheta ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, envía a nuestra provincia a la funcionaria María Sol Suerias, quien parece haber subyugado con su discurso a nuestros directivos locales.

Lo que sigue es una parte de la nota editorial de Le Monde Diplomatique de Abril 2016, escrita por su director, el joven José Natanson. Vale más leerla completa en la edición digital de la revista.

(...) Llevando las cosas al extremo, el notable filósofo coreano Byung-Chul Han llama la atención sobre la capacidad del capitalismo neoliberal para generar sujetos que se autoexplotan (4). Al final –escribe– es el neoliberalismo, y no el comunismo, el que elimina la lucha de clases, aunque no como consecuencia de una victoria proletaria sino por vía de la individuación de las responsabilidades. “Quien fracasa en la sociedad neoliberal del rendimiento se hace a sí mismo responsable y se avergüenza, en lugar de poner en duda al sistema. En esto consiste la especial inteligencia del régimen neoliberal. No deja que surja resistencia alguna contra el sistema. En el régimen de explotación ajena era posible que los explotados se solidaricen y juntos se alcen contra el explotador. En el régimen de la autoexplotación uno dirige la agresión contra sí mismo. Esta autoagresividad no convierte al explotado en revolucionario, sino en depresivo”.
Mi tesis es que la apuesta al emprendedorismo tiene un límite. Por más empuje que tenga, el emprendedor no opera en el vacío sino en ciertas coordenadas de tiempo y espacio. En el caso que nos ocupa, es decir el de la Argentina pos-kirchnerista, esas condiciones restringen las posibilidades a un sector limitado de la población: pretender que un joven del tercer cordón del conurbano críe una vaca en el fondo de su casa, fabrique dulce de leche gourmet, lo envase con una etiqueta de diseño y lo exporte a Europa del Este, o que un campesino chaqueño que practica la agricultura de subsistencia deje el arado y se sumerja en su laptop a diseñar una puntocom, resulta, por decirlo de algún modo, excesivamente idealista. Sucede que los genios innovadores requieren inicialmente autoconfianza, talento y… capital, como demuestran sin ir más lejos las experiencias de Zuckerberg y Jobs, que en ambos casos contaron con unos miles de dólares facilitados por sus familiares o amigos para iniciar sus negocios, suma inalcanzable para la mayoría de los 40 millones de argentinos a los que Macri quiere convertir en emprendedores.

El peligro es concreto. Bajo un gobierno al que evidentemente le cuesta mirar más allá de su clase social, el discurso pro-emprendedor corre el riesgo de derivar en la inacción estatal respecto de su versión pobre, castigada y tercermundista, el cuentapropismo, que hoy “emplea” a uno de cada cinco trabajadores. Como el psicoanálisis y los viajes iniciáticos a Machu Picchu, el emprendedorismo es una apuesta que en el mejor de los casos se limita a la clase media.-   
                                          4. Byung-Chul Han, Psicopolítica, Herder Editorial, 2013.

© Le Monde diplomatique, edición Cono Sur

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