domingo, 26 de marzo de 2017

PEP GUARDIOLA LEE A RODOLFO WALSH

Por Ariel Scher… Pep Guardiola lee. Lee con los ojos hechos incendios, con el corazón cabalgando junto al viento, con el aire fugado hacia otro mundo, con el cuerpo inmóvil y con su condición de hombre movilizada hasta lo inmenso. Pep Guardiola lee. Y lee. Y lee. Lee a Rodolfo Walsh.
Pep Guardiola avanza sobre las letras impresas de un libro mítico de autor argentino y de sentido universal: Operación Masacre. Pasa doce páginas, diecisiete, cincuenta. Todo es un vértigo. Justo un vértigo se apropia de Guardiola, alguien que entró en la historia del fútbol porque como jugador de Barcelona fue capaz de manejar el tiempo de la pelota a su antojo en los partidos más difíciles. Guardiola era un crack de cerebro exquisito que conducía equipos desde el centro de la cancha, convencido de que el fútbol vale la pena cuando empuja libertades individuales desde un compromiso colectivo. Guardiola, que se muerde asombros en los labios y con esos labios le habla a nadie, pero igual dice mientras está solo o están solos el libro y él: “No entiendo cómo puede haber habido tanta crueldad, ¿cómo se puede seguir confiando en los hombres, en nosotros?”
Pep Guardiola lee. En su sangre de individuo curioso ya viaja la tremenda historia de los fusilamientos de José León Suárez de 1956, una historia que no estaría en la Historia si Walsh no hubiera excavado hasta el fondo de un barro construido con mentiras y secretos. En muchas de sus tardes de futbolista generoso, Guardiola elogió el arte de sus compañeros. En esta otra tarde, siempre solos el libro y él, de nuevo piensa y elogia. A Walsh: “Imagino que él inventó la palabra coraje y, si no lo hizo, al menos la llevó a los altares, la dignificó”.
Pep Guardiola lee. Tiene la breve tentación de comunicarse con quien le regaló ese texto y rendirle una gratitud. En octubre de 2006 se lo dio Matías Manna, un joven periodista rosarino, admirador de Walsh. También de Guardiola, al punto que construyó un blog al que bautizó paradigmaguardiola.blogspot.com y en el que el fútbol se reivindica como maravilla. No puede ni ensayar esa comunicación, Guardiola. “Esto te agarra y no te suelta más”, pronuncia. Habla de Operación Masacre.
Pep Guardiola lee. Y no los argumentos con los que el enorme Johan Cruyff lo llevó a la Primera de Barcelona para transformarlo en emblema. Y no a Jorge Valdano, quien hace unos años predicó sobre Guardiola: “En este fútbol de jugadores sumisos y previsibles, todavía queda algún subversivo que defiende puntos de vista originales”. No. Guardiola lee a Walsh. Lee la página 65: “La señora Pilar y su hija creen estar viviendo una pesadilla que no termina. La casa sigue invadida de hombres que revisan muebles y cajones, que interrogan, que hablan a gritos. De afuera llegan todavía las órdenes secas como balazos”. Frena, entonces, Guardiola, con la cadencia que le permitía frenar en sus días de gloria de cancha. Y evalúa: “La Justicia no queda mal parada. Queda peor, queda como es: una miseria”.
Pep Guardiola lee. Lee y sabe. De Walsh sabe que escribió Operación Masacre por muchas más razones que el periodismo y la literatura. De Walsh sabe que el 25 de marzo de 1977 fue cercado por una de las patrullas asesinas de la última dictadura militar, que lo buscó para desaparecerlo como a miles de argentinos. De Walsh sabe que está ahí, latiendo dentro del libro, en cada mirada, en cada sustantivo y en cada verdad. Por eso Pep Guardiola advierte que el corazón le sigue cabalgando junto al viento. Por eso sigue leyendo.

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